Con la llegada de la temporada de cosecha y las festividades andinas, el Jucho se reafirma como el embajador indiscutible de la dulzura en la zona central de la Sierra. Esta bebida tradicional, originaria de provincias como Chimborazo y Tungurahua, ha cobrado un protagonismo especial este año, siendo premiada en diversos festivales junto a la fanesca como uno de los pilares de la identidad gastronómica del Ecuador.
El Jucho no es solo un postre líquido; es un ritual sensorial que combina el aroma de las especias con el sabor vibrante de las frutas de temporada. Su preparación, que requiere maestría en el punto del almíbar, es una herencia que las familias de Riobamba y Ambato han preservado con orgullo, convirtiéndola en un símbolo de hospitalidad y abundancia.
Sabores de los Andes: El Capulí como protagonista
La esencia del Jucho reside en sus ingredientes autóctonos. El uso del capulí (la cereza andina) le otorga su color y carácter distintivo, que se fusiona con la suavidad del durazno y la calidez de la canela. La técnica de espesado con maicena le brinda esa textura aterciopelada que permite disfrutarlo tanto frío como caliente, adaptándose a los diversos climas de la región interandina.
Patrimonio y Turismo Gastronómico
En 2026, el Jucho ha trascendido las fronteras regionales para posicionarse como un atractivo del turismo culinario nacional. Su reciente reconocimiento en certámenes gastronómicos subraya la importancia de salvaguardar las recetas que utilizan productos de proximidad.
"El Jucho es la síntesis de nuestra tierra: es dulce, es fértil y es compartida", señalan los maestros cocineros de la región. "Verlo brillar junto a la fanesca demuestra que nuestra cocina de autor tiene raíces profundas que el mundo está empezando a descubrir".



